
La llamada tercera Asamblea Informativa convocada por Andrés Manuel López Obrador el día de ayer congregó a dos millones de personas (bueno, depende la fuente consultada). El llamado a la pacífica resistencia civil dio un giro para convertirse en vigilia ciudadana. Miles de personas acamparán, y acamparon ya junto al propio candidato, en la explanada del Zócalo hasta que el Tribunal Electoral declare su resolución final.
El poder de convocatoria de Andrés Manuel es impresionante. Ya sea por su carísma, por su liderazgo, por su proyecto y/o lectura de la situación del país -que es el mejor activo que tiene, en mi opinión-, López Obrador puede llamar a dos millones de personas a una asamblea informativa o juntar las firmas y acciones de artistas, intelectuales (tema que hay que profundizar) y demás personalidades para su causa. Apoyando la causa lopezobradorista están desde mexicanos olvidados, pobres, lo que se dice pobres, que no pueden estar más convencidos de que ahora sí, con él todo cambiará, primero los pobres, así como mexicanos en la disminuída clase media que les seduce el programa de educación y cultura del proyecto alternativo, pero también empresarios mexicanos cansados de los privilegios que gozan las trasnacionales y la falta de oportunidades de crecimiento, están en el mismo barco una Eugenia León, un Demián Bichir, una Jesusa Rodríguez, un Héctor Bonilla, una Elena Poniatowska, un Carlos Monsiváis, una Julieta Fierro, un Sergio Pitol…
¿Será el magnetismo y el carisma del candidato López Obrador? ¿O será que se quiera frenar el ascenso de los grupos más conservadores al poder, representados por la candidatura de Felipe Calderón?
La movilización que usted fomenta, y en especial los llamados a la “resistencia civil”, sólo sirven para encender los ánimos y enrarecer aún más nuestro clima político. El PAN ya jugó con fuego al atizar el odio y la desconfianza, y usted no debe seguir el mismo camino. Resulta inadmisible su insinuación de que, dado el caso, podría repudiar las resoluciones del tribunal. Basta ya, señor López Obrador, de tanta irresponsabilidad. Tal vez consiga movilizar a 2 millones de personas, pero buena parte de los 14 millones de ciudadanos que sufragamos por usted lo hicimos convencidos de que usted no era â-ni esâ- un peligro para México. No ceda ante la injusticia, pero tampoco ponga en riesgo nuestra democracia. Aún queda mucho por hacer. Si al final el tribunal le diese la razón y usted se convirtiera en el nuevo presidente de México, lo que menos necesita es una nación dividida y enconada; si el tribunal anulase las elecciones, usted necesita demostrar su apego a la ley y a las instituciones para tener alguna posibilidad de triunfo; y, si se confirma la victoria de Felipe Calderón, México lo necesita a usted como un sólido, responsable y prudente líder de la oposición. Millones de ciudadanos esperamos que no nos defraude.
Jorge Volpi, Proceso No. 1552
Para Raymundo Riva Palacio el candidato de los 14 millones y pico de votos se está jugando su futuro político: un líder de la oposición, o una leyenda efímera.
Este domingo demostró que tiene los arrestos de líder, y sería una tragedia que un político con esas características despilfarrara todo el potencial que tiene para convertirse en una leyenda que aportaría mucho al folclor mexicano como Pedro Infante o El Tigre de Santa Julia, pero poco para el desarrollo nacional. El país -con sus 15 millones de votos y demandas reales- y el PRD lo necesitan como líder, como un político duradero de largo aliento, y no como una figura efímera que pasará al cajón de lo anecdotario. López Obrador se encuentra en este dilema, aunque quizás no se haya dado cuenta. Pero de su solución dependerá su futuro, el del partido y el de una propuesta programática que necesita apuntalarse para que no se cancele por causa, nuevamente, de sus errores tácticos.
El Universal, 31 de julio de 2006
Así que López Obrador tiene el poder de decisión en sus manos. O bien, si el fallo del Tribunal no le favorece, se convierte en el líder de la oposición que lleve los justos reclamos de millones de mexicanos como un recordatorio de la injusticia y desigualdad social en nuestro país, o decide dejar de escuchar todos esos reclamos para personalizar el anhelo de ser una leyenda y pasar a la historia como aquel que desafió a los poderosos, pero nada más. El escenario de López Obrador como Presidente se ve lejano a corto plazo, aunque no puede descartarse.

