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Los ‘recuerdos’ de Elena Garro

07.15.06 | Comenta

La difícil historia de la gran escritora mexicana Elena Garro (1920-1998), autora de la novela Los Recuerdos del Porvenir y el cuento La culpa es de los tlaxcaltecas entre otras obras más, vuelve a la luz pública gracias a que el IFAI dará a conocer documentos que supuestamente prueban que trabajaba como espía para el gobierno de México de 1962 a 1970.

Garro fue esposa del maestro Octavio Paz, quien murió curiosamente el mismo año pero en abril, de 1937 a 1959. Sergio Aguayo fue quien encontró evidencias en archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores sobre el espionaje que el estado mexicano hacía sobre los intelectuales de la época, Paz entre ellos.

El investigador Sergio Aguayo dijo haber hallado en los archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores evidencia de que Paz era vigilado y considerado enemigo del gobierno.

El objetivo del espionaje a intelectuales, agregó, era “evaluar su grado de peligrosidad” y obtener información para desprestigiarlos.

“Había varios intelectuales marcados en corto por los pronunciamientos hechos contra el régimen; en el caso de Paz, por su renuncia al cargo en la Embajada en la India (1968). Encontré evidencia de que incluso en París lo espiaban”, detalló.

Reforma, 15 de julio de 2006

¿Loca? Luis González de Alba, dirigente estudiantil en 1968, “consideró que la apertura de expedientes sólo confirma lo que se sabía desde hace 35 años: que era informante del gobierno y que estaba loca“, dice la misma nota del Reforma.

Buscando en artículos de periódico de 1998 sobre la muerte de Elena Garro me encontré con esta breve pero descripción de la vida de la escritora por Carlos Mansiváis: Si hay necesidad de un resumen de su vida, diré que fue una persona difícil y contradictoria y siempre una gran escritora, y ése es el legado incesante de Elena Garro (La Jornada 23 de agosto 1998).

También en La Jornada se recuerda una entrevista con la escritora y Helena, hija del matrimonio con Octavio Paz, donde se deja entrever el momento en que se su relación política y social con los intelectuales de la época se distanció para siempre.

-Tiempo después, todavía en los inicios del movimiento, Carlos Monsiváis nos llevó a Helena y a mí a una junta en el Auditorio Che Guevara de Ciudad Universitaria. Era con líderes del movimiento y con profesores. Dos días antes Genaro Vázquez, que era guerrillero, me había mandado con una campesina unas hojitas que decían: Llamamiento de las montañas del sur a los maestros de la capital, y ahí explicaba que él también era maestro y que pedía el apoyo para su lucha. Genaro era guerrerense, era un hombre bueno. Helena llevaba esos papeles en su bolsa. Cuando empezaron a decir en la reunión que había que enjuiciar a Díaz Ordaz y a Echeverría ante la ONU por crímenes contra la humanidad, Helena pidió la palabra y dijo que estaba de acuerdo con que enjuiciara a Díaz Ordaz y a Echeverría, pero también a Barragán, el ministro de Guerra, y citó a todo el gabinete. Les quitó la máscara a muchos líderes del movimiento porque les dijo que muy izquierditas pero que todo era una movida de ellos. Y además pidió que le dieran el apoyo a Genaro Vázquez. ¡Qué barbaridad! Se soltó una desbandada…

-Ya ni te acuerdes de eso, mamá -interrumpe Helena-, porque de ahí nos…

-De ahí nos vino el desmadre -completa Elena.

La Jornada, 23 de agosto de 1998

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