Marta Sahagún, la mitad de la pareja presidencial, impuso a Ana Teresa Aranda como relevo de Josefina Vázquez Mota, quien se sumó a la campaña de Felipe Calderón, en la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL). Según consta en un artículo de Ãlvaro Delgado, publicado ya por El Norte y en el más reciente número del semanario Proceso, Sahagún reveló esta intervención a un grupo de activistas sociales en una cena privada, celebrada la noche del miércoles 4 en el domicilio de Cecilia Loría, directora del Instituto Nacional de Desarrollo Social (Indesol).
Ahí, Vázquez Mota describió el ascendente conflicto que ha tenido con Sahagún desde el inicio del gobierno, debido a que le pedía cuentas sobre los programas sociales y le exigía favorecer a la fundación Vamos México.
Según algunos testigos, también reveló que desde mediados del año pasado tenía preparada su renuncia por los continuos roces con Sahagún, quien logró lesionar su relación personal e institucional con Fox.
“Es una venganza”, dijo, refiriéndose a la designación de Aranda. “De haber sabido, mejor no renuncio”, añadió. Y es que Vázquez Mota ha tenido una pésima relación con Aranda, una de cuyas primeras encomiendas, se presume, es auditar la gestión de la inminente coordinadora general de la campaña de Calderón.
Ana Teresa Aranda cuenta también con el apoyo de Ramón Muñoz Gutiérrez, el influyente jefe de la Oficina de Innovación Gubernamental de la Presidencia y responsable de operar los nombramientos en mandos medios y superiores del gobierno.
Aranda comparte con Muñoz la militancia en la secreta y ultraderechista Organización Nacional de El Yunque, en la que se inició en su natal Guanajuato junto con su primo hermano Enrique Aranda Pedrosa, hoy subsecretario de Gobernación.
Proceso No. 1523, 9 de enero de 2006
Así, a meses del relevo sexenal, se manifiesta el debilitamiento del presidente Vicente Fox y el (reiniciado) protagonismo de Marta Sahagún en las decisiones importantes. Pero no sólo, la organización secreta de El Yunque demuestra que sigue con su idea de tomar puestos claves en el poder para imponer su agenda de extrema derecha; ahora con el peligro de que se aplique en los temas de Desarrollo Social. La institucionalidad queda, una vez más, en segundo plano y, como todo parece indicar (dicho por la propia Vázquez Mota), la venganza personal y las decisiones al vapor siguen después de 5 años del gobierno del cambio.

