
José Woldenberg, ex Consejero Presidente del IFE, ecribió hoy en Reforma una serie de críticas muy válidas a la otra campaña del EZLN.
A lo largo de los meses por venir, la sociedad mexicana verá desplegarse dos esfuerzos de las izquierdas mexicanas por ganar adhesiones y multiplicar su inserción social. Y en el seno de la propia izquierda se dará -con distintas intensidades y matices- un debate que irá perfilando las coincidencias y las diferencias en ese enorme universo que para nada es homogéneo.
Todo ello sucede en el momento en que la otra izquierda (la que se articula en torno al PRD y/o Andrés Manuel López Obrador) tiene posibilidades de arribar al gobierno de la República. Y en esa dimensión resulta difícil especular si la campaña del EZLN reforzará o debilitará la de la Alianza por el Bien de Todos. Lo que sin embargo resulta inaplazable desde una perspectiva democrática es saber si durante las campañas las izquierdas afinarán su compromiso con la democracia, con la coexistencia de la diversidad, con los valores de la tolerancia y el respeto a la pluralidad. Y en esta última dimensión sigue apareciendo con toda claridad el déficit más grande del proyecto zapatista.
Basta leerlos o escucharlos: mantienen en su discurso el tono intolerante del que posee en un puño toda la verdad, la descalificación de todos los partidos y todos los políticos y de aquellos que no se alinean con sus políticas y hasta ocurrencias. La construcción maniquea de un “nosotros” y un “los otros”, los primeros fuente de todo lo bueno y los segundos de todo lo malo. Y aunque en ello se parecen a una buena parte de los políticos de todas las siglas, su negativa rotunda a coexistir con sus adversarios muestra un resorte autoritario más que preocupante.
Reforma, 5 de enero de 2006
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Lo que aborda Woldenberg en su último párrafo es central en la nueva lucha, ahora política, del EZLN: la indefinición. ¿Se convertirán sólo en los portavoces de los marginados y excluidos? ¿Captarán únicamente los reflectores nacionales e internacionales para llevar a la agenda nacional los problemas reales de la gente de abajo? ¿Señalarán aquello que la izquierda partidaria olvida, una especie de conciencia para la izquierda? Si es así entonces el discurso del “nosotros” y “los otros” cobra sentido. O bien, dar el siguiente paso y ser no sólo portavoces, sino conductores de las demandas de aquellos marginados y excluidos. Es decir, participar activamente en el ámbito político dentro de la democracia mexicana. Y las vías para hacer política las conocemos: iniciativas de ley, debate, cabildeo, negociación, etc. Veremos el camino que adopta la otra a lo largo del recorrido. Sin embargo pienso que hay por el momento mucho más cosas positivas en la otra que negativas.
Me quedo con el análisis inicial de la historiadora Magdalena Gómez y el columnista Luis Hernández Navarro:
Si bien el EZLN ha definido que se relacionará exclusivamente con los sectores aliados, no debería descuidar el mensaje hacia el conjunto de la sociedad donde existen sectores democráticos; tal vez considere que no es el momento. Magdalena Gómez (La Jornada 3 de enero 2006)
La otra campaña es una corriente de aire fresco en un clima político enrarecido, una apuesta por abrir espacios a los de mero abajo, una iniciativa para moralizar la política, un sano contrapeso al mundo de la política institucional, un parteaguas en la refundación de la izquierda. Antes de apresurarse a descalificarla habría que comprenderla. Luis Hernández Navarro (La Jornada 3 de enero 2006)
Es Hernández Navarro quien mejor define lo que pretende la otra:
La otra campaña quiere dar voz a quienes no la tienen y no la ven a tener en la lógica estricta de las campañas electorales. Aspira a hacer visibles a los invisibles que luchan en todo el país. Desea mostrar los grandes problemas nacionales que los candidatos presidenciales evitan nombrar por su deseo de ocupar el centro político. Quiere sentar las bases para reconstituir desde abajo una izquierda anticapitalista. Busca tejer una red nacional de representaciones políticas genuinas. Promueve la creación de condiciones favorables para formar una gran fuerza política y social, con capacidad para vetar políticas gubernamentales e incidir en el rumbo de la nación, independientemente de quién gane los comicios federales de 2006.


Gracias por tu visita y tu comentario en mi blog. La verdad es que yo no tengo un blog con mucho tránsito y no escribo únicamente sobre mis tendencias políticas, pero siempre es bueno leer a alguien que se preocupa por los problemas sociales de su nación.
Gracias por el link, yo también pondré uno en mi blog.
Saludos
Pero esos comentarios que apostillas al de Woldenberg no se preocupan siquiera por comentar el fondo del argumento, que es el de la intolerancia del EZLN y su incapacidad para articular propuestas que superen ese maniqueísmo que, por cierto, fue el que en última instancia obligó a Woldenberg y otros a abandonar el PRD en 1989, un mal del que el propio PRD no se ha curado.
Rodolfo Soriano:
Parece que hay quienes no parecen asimiliar bien el mensaje que está tratando de mandar el EZLN, el cual es “La otra campaña, es otra forma de hacer política”, y las propuestas, son lo que vemos y escuchamos de nuestros candidatos de partídos políticos una elección tras otra, que terminan siendo al final en su mayor parte mentiras, pues sólo son argumentos para ganar votantes.
El EZLN no es un partido político, por lo tanto, no se comporta como uno, ni tiene la misma manera de hacer política, si crees, y sigues creyendo que esa manera de política de partidos que hay en México y muchas partes del mundo es la única, entonces nunca podrás entender lo que tratan de decir los zapatistas.